PRESENTACIÓN

Este sitio lo he creado para que sea un lugar en donde nos podamos reunir las personas que conocimos a Don Víctor del Valle Noriega y que tanto lo quisimos; y para que aquellas personas que no lo conocieron lo hagan a través del testimonio de los que estuvieron más cerca de él durante su vida. En ella se irán contando su biografía, se podrá descubrir su personalidad, se podrán encontrar testimonios e incluso favores que por su intercesión ya se han realizado y se siguen realizando desde el cielo.

sábado, 2 de mayo de 2009

TESTIMONIO JOSÉ MIGUEL CEJAS

José Miguel Cejas es Doctor en ciencias de la información. Escritor de varias biografías entre las que se encuentran; Ernesto Cofiño: perfil de un hombre del Opus Dei, 1899-1991; José María Escrivá: un sembrador de paz; La paz y la alegría: María Ignacia García Escobar en los comienzos del Opus Dei, 1896-1933; El secreto de Gianna: la historia de Gianna Beretta Molla.
Conoció a mi tío Víctor en Guatemala en uno de los viajes que hizo para investigar sobre la vida de Ernesto Cofiño. Tuve la oportunidad de entrevistarme con el en España cuando encontré un testimonio que había escrito él sobre mi tío en su página de internet. Me emocionó que me animara a realizar esta página. GRACIAS JOSÉ MIGUEL!

ARQUITECTO Y SACERDOTE NUMERARIO DEL OPUS DEI DESDE 1997

Antes de conocer personalmente a este prestigioso arquitecto en Guatemala, donde vivió durante gran parte de su vida, había visto algunos de sus magníficos edificios y urbanizaciones, repartidas por todo el Istmo centroamericano.
Sus obras arquitectónicas -algunas de ellas galardonadas con premios internacionales-, reflejan su personalidad: son modernas, audaces, cálidas, gozan de una gran calidad técnica y se observa en ellas un gusto exquisito por el detalle. Del Valle se ordenó sacerdote en 1997. Tuve la fortuna de estar presente en su Primera Misa en Roma, en la Sede Central del Opus Dei, que concelebró, visiblemente emocionado, con su hermano jesuita.
Había nacido en la ciudad de México el 4-VI-1931 y pertenecía al Opus Dei desde 1953 como miembro numerario.
En 1955 se trasladó a Guatemala, donde impulsó desde los comienzos el trabajo apostólico del Opus Dei en toda Centroamérica, ámbito en el que ejerció su profesión de arquitecto, hasta su fallecimiento.
A lo largo de su vida impulsó iniciativas de todo tipo: de carácter profesional, educativo y evangelizador. Fue uno de los fundadores de la Facultad de Arquitectura.

Universidad del Itsmo. Guatemala


Tres años después de ser ordenado sacerdote, en agosto de 2000, se le diagnosticó un cáncer que llevó con profunda visión sobrenatural, ofreciendo sus molestias por el Papa y el trabajo evangelizador del Opus Dei en la Igesia. Falleció en Guatemala muy poco después, el 24-XI-2000.

RECUERDOS DE VÍCTOR DEL VALLE

En los tiempos de Elías Calles

En el libro de memorias de Antonio Rodríguez Pedrazuela, donde se relatan los comienzos del Opus Dei en Centroamérica, Víctor del Valle habla de sus padres, de su vocación y de sus primeros pasos en tierras guatemaltecas.
"Las casas -le comentaba del Valle a Rodríguez Pedrazuela- se comienzan por los cimientos, y yo tengo que comenzar hablando de mi padre, que nació en México, como usted sabe, en Zacatecas concretamente, y era un alto funcionario del Banco de México. Tanto él como mi madre tuvieron que sufrir mucho durante el gobierno de Plutarco...


Plutarco Elías Calles fue un déspota terrible, un tipo vengativo y cruel, que organizó una persecución feroz contra la Iglesia; fue el que dictó la famosa 'Ley Calles', un código penal rabiosamente anticatólico. Esa ley castigaba con prisión la administración de los sacramentos, prohibía la enseñanza religiosa, penaba el uso del hábito... Durante esa persecución fue cuando asesinaron al Padre Pro y se produjo la famosa reacción de los 'Cristeros'. Pues bien; durante esa época recibió mi padre una carta en la que le ordenaban renunciar a su cargo... ¡por el hecho de ser católico! Se negó, naturalmente -¡y menos si era a causa de su fe!- y contestó explicando las razones de su negativa.
Eso era arriesgadísimo; en aquel tiempo negarse a obedecer una orden de Plutarco era como firmar la propia sentencia de muerte. Y sucedió lo que se temía: a los pocos días llegó a casa un motorista con una citación para el Palacio Nacional. Mi madre se sumió en un mar de lágrimas y se despidió de mi padre creyendo que no le volvería a ver...
Llegó a Palacio; le dijeron que Plutarco le esperaba en su despacho; entró; y nada más verle, Plutarco le arrojó la carta a la cara, diciendo:
-¿Así que usted es el mocho que ha escrito esto? A ver, ¿cómo se llama usted?
La carta cayó en el suelo, pero mi padre no se movió. Y le contestó impávido, recalcando cada palabra:
-Me llamo Bernabé del Valle.
Plutarco se revolvió furioso en su sillón y le ordenó con la mirada que se agachara a recoger la carta. Pero mi padre no se inclinó; alargó la mano y pulsó el timbre de mesa; se acercó un ordenanza y le dijo con mucho aplomo:
-Por favor: recoja esta carta que se le cayó al General.
Al oír esto, Plutarco se quedó desconcertado. Mi padre debió pensar: 'de aquí me envía al pelotón de fusilamiento. Pero...".
Victor me va relatando con gran expresividad su historia en una sala de su estudio de arquitectos. Cerca, sobre una mesa de trabajo, hay desplegados varios planos de futuros edificios. Por la ventana entra a raudales la luz del trópico.
"...pero Plutarco era un tipo imprevisible; y en vez de fusilarle, soltó una gran carcajada, y le dijo, con una expresión muy mexicana:
-'¡Así¡ ¡Así me gustan los machos, y no como toda esta partida de lambiscones que...! (y empezó a insultar a todos los que tenía alrededor) ¡Venga, venga, don Bernabé, deme la mano, que le quiero confirmar en su puesto!'
-Lamentablemente, General, no podrá ser -replicó mi padre-. Y le entregó una carta en la que renunciaba a su cargo.

Mi madre

En ese ambiente crecí yo, en una familia de nueve hijos, que tuvo que defender su fe en tiempos tan difíciles. Mi madre era una mujer de gran sensibilidad: le encantaba la música, la pintura y la literatura.


Ordenación de su hermano Luis (Picho): 28 de octubre de 1957

Sus hermanos: Jaime, Bernabé, Oscar, Picho, Raf, Víctor y Javier

Escribía muy bien y se la conoce sobre todo por sus relatos costumbristas. Tenía una gran ilusión: tener un hijo sacerdote y un hijo arquitecto; y soñaba con que sus hijos se entregaran a Dios. Y todo se lo concedió el Señor.
Se comprende por eso que cuando un hermano mío se fue a los quince años a un Seminario de los Jesuitas, mis padres no pusieran ningún obstáculo, ¡al contrario!; y que en 1953, cuando yo pedí la admisión en el Opus Dei -ya era mayor de edad, tenía veinte años y estudiaba tercero de Arquitectura- me dieran entera libertad: 'Es tu vida -me dijeron-; es tu decisión y la respetamos'.
Poco después, en 1954, me preguntó don Pedro Casciaro: 'Víctor: estamos empezando la labor en Monterrey y Guatemala. ¿Te gustaría ir a alguno de esos sitios?'
-¡Si! ¡Guatemala! -dije enseguida. Ahora, cada vez que lo pienso me sorprendo, porque yo soy un hombre eminentemente urbano: me fascinan las ciudades, los museos, las avenidas rebosantes de gentes... Sin embargo decidí venirme a este país donde el protagonista decisivo es la naturaleza. Pero pensé que aquí estaban sólo tres y me dije: '¡Allá voy! ¡A la aventura!'
Nunca se me olvidará lo que me comentó mi madre cuando me vine: 'Mira hijo mío, me gustaría mucho que te quedaras a mi lado, aquí, conmigo; pero mi felicidad es tu felicidad; y si tú eres feliz yéndote a Guatemala, yo soy feliz así'.
Esa idea me la repitió siempre, cada vez que iba a México, o hablábamos por teléfono: 'Víctor, me gustaría mucho tenerte a mi lado, pero te veo tan contento ahí, que mi felicidad es ésa: verte tan feliz'. Ese es el deber de las madres cristianas -me decía-: no buscar sus propios deseos, sus propias ilusiones, sino la felicidad de sus hijos'.

En Guatemala

Cuando venía para acá me sorprendió ver desde el avión la hermosura y la rica vegetación de los montes y los valles. Usted conoce México, don Antonio, y ha visto que allí los verdes son más apagados, más cenicientos, de tonalidades terrosas, ásperas, como grisáceas... y desde la ventanilla fue contemplando, maravillado, un sucederse constante de verdes brillantes y encendidos.Y lo mejor vino luego: aterrizó el avión, comencé a bajar por la escalerilla con mis escuadras y mis cartabones bajo el brazo, y vi, asombrado, que comenzaban a aplaudirme y vitorearme.'¡Qué bien! -pensé, aturdido entre los flash de los fotógrafos-. ¡Vaya recibimiento! ¡Qué gente tan amable...! Hasta que me di cuenta que aplaudían... ¡a las Reinas Centroamericanas de la Belleza, que habían aparecido por la portezuela del avión, justo detrás de mí! ¡Y yo sonriendo a los fotógrafos y agradeciendo su amable presencia a los periodistas!
Fuera de bromas, Guatemala me encantó nada más llegar. La Octava [el primer centro del Opus Dei en Guatemala] era una casita modesta, simpática, decorada con los cuatro muebles viejos que habían ido regalando: un sofá, dos lámparas, tres sillas desparejadas... Pero aquellos trastos, arreglados con paciencia y remozados con una manita de barniz y un toque de gracia, parecían otra cosa; y sus antiguos propietarios, al verlos restaurados, se sorprendían: '¿Pero cómo? -nos decían- ¿Este es el mismo sofá que yo tenía arrumbado en el desván?'
Venirme para acá fue una aventura; desde todos los puntos de vista; también desde el académico: en Guatemala no había Academia de Arquitectura y tuve que cambiar de carrera y ponerme a estudiar Ingeniería, con unas matemáticas de alto nivel que me costaron muchísimo. Pero fue una aventura de la que no me arrepiento, porque me obligó a ampliar mis conocimientos y me permitió fundar, años después, con unos cuantos más, la primera Facultad de Arquitectura en Guatemala.
Tuve que sacar tiempo debajo de las piedras; ir a la universidad, estudiar, organizar actividades formativas con jóvenes, con mayores, conseguir dinero para mantenerme... Recuerdo que me empleé de delineante, a tiempo parcial, y me pagaban 75 quetzales al mes.
Poco después, en septiembre de 1955, nos llegó otro 'refuerzo': Enrique Fernández del Castillo, un joven abogado de México. ¡Ya éramos cinco!
Venían por la Octava todo tipo de personas: jóvenes profesionales, señores casados, estudiantes... Eran católicos en su mayoría, aunque también venían judíos o protestantes como Roberto; y no faltaba alguno que alardeaba de ateo. Entre los estudiantes recuerdo a Jorge Palarea, que venía con mucha frecuencia a la Octava".


En la fotografía, uno de los edificios más conocidos de Victor del Valle: la sede del Centro Universitario Ciudad Vieja, en Guatemala

José Miguel Cejas
http://www.conelpapa.com/

SIGA LEYENDO

sábado, 11 de abril de 2009

COMO ARTISTA, COMO COLEGA, COMO CONFESOR

Conocí a Silvia Herrera cuando estaba ella unos días en México. Un día pasé por una amiga a la residencia universitaria (RUL) para llevarla a ver a la Virgen de Guadalupe y me la presentó para pasearla también. De inmediato entablamos conversación y por supuesto surgió que conocía a mi tío Víctor. Me comentó que le acababa de hacer una despedida en un museo exponiendo toda su obra porque se iba a ordenar sacerdote. Volví a ver a Silvia dos veces en Guatemala; una antes y otra después de la muerte de mi tío. Le pedí que me escribiera para el libro de recuerdos y aquí expongo su mail ...


Silvia Herrera y Margarita del Valle en Guatemala


COMO ARTISTA

Conocí a don Víctor hará unos siete años. En esa oportunidad, vi antes la obra que la persona. Se trataba de preparar una exposición de fotografías en las galerías de un museo. Esas fotografías recogían el trabajo de varios años de la firma Rocasermeño y del Valle y la razón de la exposición era el retiro de uno de los socios. Me tocó organizar parte del evento de la inauguración y el montaje de las fotografías. Era la última vez que don Víctor se presentaba en público como seglar. Era la última vez que iba a usar un traje de calle y corbata. Era la última vez que, al decir de uno de los amigos, iba a dar un beso a las señoras que lo saludaban. Allí conocí a don Víctor. Pero antes de contar mi encuentro con él no debo olvidar un comentario en torno a las fotografías. Se trataban de muchas obras arquitectónicas que yo ignoraba que existiesen en mi país. Me sorprendió el sello distintivo de la solidez y durabilidad y la belleza de algunos conjuntos.

Area vacacional en Guatemala diseñada por mi tío Víctor y su socio Mario Rocasermeño

Llegó don Víctor. Me llamó la atención su afabilidad y enorme naturalidad y su posibilidad que, en esos momentos es casi imposible, de estar con todos y con cada uno a la vez.

Ya revestido para celebrar la Santa Misa, lo vi conmovido y nervioso en su primera celebración eucarística. Cómo distaban las imágenes dos imágenes que ahora guardo en la memoria: un hombre alto, fuerte y pausado en su primera Misa y un hombre alto, debilitado y más pausado en la última vez que le vi celebrando la Santa Misa.

COMO COLEGA

También le traté con cierta regularidad en los salones de clase de la Universidad del Istmo. El guardaba su computadora portátil, pues daba sus clases de Teología Dogmática, utilizando el Power Point y yo preparaba el proyector de diapositivas que iba a servirme para la clase de arte del siglo XX. Nunca faltó un saludo, un comentario cordial, esa naturalidad y afabilidad que le caracterizaron siempre.

COMO CONFESOR

Como confesor, su contacto con Dios Nuestro Señor relucía particularmente. Su capacidad para dar en el clavo y disolver de un plumazo cualquier nube que borraba mi claridad se parecía al movimiento certero de la plomada que tanto debió de utilizar en la supervisión de construcciones. Su voz, su tono, sus consejos y su santidad daban una paz que hacía de cada confesión un remanso de fe y un acoplo de nuevas fuerzas.

Silvia Herrera Ubico
9 enero 2002

SIGA LEYENDO

CINCO DÍAS CON MI TÍO VICTOR

Alejandro, el más chico de todos mis primos viajó a Roma a visitar a mi tío Víctor mientras éste hacía su doctorado. Pongo a continuación lo que escribió cuando le dije que haría una recopilación de recuerdos para escribir un libro sobre la vida de mi tío.

En 1996 tuve la oportunidad de viajar por primera vez a Europa. Fue justo después de darle el anillo de compromiso a Paola, cuando mis papás me ofrecieron llevarme para allá de despedida. Ese viaje nunca se me olvidará por muchas razones, entre ellas por haber ido a ver a mi tío Víctor.
El llevaba ya varios meses en Roma terminando los estudios necesarios para ordenarse, por lo que era ideal aprovechar para ir a visitarlo, así que planeamos el viaje de tal forma que a Roma le pudiéramos dedicar algunos días. Nuestro primer destino fue Roma para estar 5 días con mi tío Víctor.






Volamos México-Roma el domingo 16 de junio, mi tío nos recibió muy cariñoso en el aeropuerto. He de decir que lo conocía poco, muy poco, al igual que la mayoría de mis hermanos y primos. Lo habría visto en mi vida quizás unas 8 ó 10 veces, pero no más. Además, cuando él venía a México convivíamos en comidas de mucha gente, así que nunca llegábamos realmente a platicar muy a fondo con él. Conocía algo de su vida gracias a lo que mis papás nos platicaban, y algunos detalles de su vida en el Opus Dei gracias a mi mamá que lo quería mucho.
Difícilmente se puede conocer Roma con tanto detalle. Ni el mejor guía nos hubiera enseñado con tanta dedicación una ciudad tan llena de historia. Mi tío era una persona cultísima, además hizo su tesis doctoral en Arte Cristiano. Siempre es un gusto convivir con gente así, y más con la absoluta dedicación que mi tío nos dio esos días, desde que nos recogió en el aeropuerto hasta que salimos en coche a Asís el viernes 21 en la mañana.
Todos los días llegaba mi tío por ahí de las 8 u 8:30 de la mañana a desayunar al hotel “Palatino” donde nos hospedábamos, en la “Vía Cavour”, cerca del Coliseo. Ahí planeábamos con detalle la ruta a seguir, todos proponíamos y él sugería siempre además de lo que tradicionalmente tiene que verse, algunos lugares muy especiales que solo son conocidos por quienes ahí viven. Andábamos todo el día a un paso muy movido, y la verdad es que sin ninguna dificultad mi tío nos seguía el paso, iba siempre adelante lidereando el grupo y deteniéndose en todo aquello que tenía alguna importancia, para tratar de enriquecer nuestro viaje al máximo.



Muchas veces nosotros le preguntábamos por construcciones y monumentos que no tenían ningún valor histórico porque eran construcciones recientes o remodelaciones, y el con toda calma nos explicaba las diferencias que para ser sinceros y siendo no muy culto, eran difíciles de captar. Me acuerdo de una de esas plazas recientes que mi tío decía que parecía pastel de quince años, estaba cerca del hotel y curiosamente se llamaba Piazza "Vittorio Emmanuelle” (Plaza Víctor Manuel).
Cerca del mediodía, y luego de caminar a buen paso durante varias horas, decidíamos cual trattoría sería la indicada para tomar una buena cerveza o vino de la casa y una cantidad infinita de deliciosos embutidos y botanas varias que ahí les llaman antipasto, luego de lo cual retomábamos el camino sobre la ruta que nos habíamos trazado en la mañana. Yo trataba de no despegarme de mi tío y de preguntarle todo lo que se me ocurría, fue así como empezamos a encontrar una excelente identificación mutua y a conocemos de forma muy cotidiana, pero muy intensa.


Mi tío tenía un carácter fuerte como el de todos sus hermanos, pero un sentido del humor único, todo el día nos la pasábamos de carcajada en carcajada con las necedades que a los 4 se nos ocurrían. Visitamos innumerables catedrales, monumentos, plazas y lugares especiales, de los cuales me acuerdo especialmente de la “Piazza Navona” que para mi tío significaba mucho porque pasaba casi todos los días por ella de camino a su escuela aquí para ver su recorrido, decía que esta plaza tenía todos los colores de Roma. Lugares especiales para él eran las Basílicas de “Santa María La Mayor”, “San Juan de Letrán” y “San Pablo Extramuros”, la “Cárcel Mamertina” y “El Jesú” (Iglesia de los Jesuitas), y “San Pietro In Víncole”, en donde se encuentran las cadenas de San Pedro y “El Moisés”. Además, mi tío era gran admirador del Museo del Vaticano.




Por ahí de las 7 de la noche decidíamos dónde cenar, mi tío iba a su casa y nosotros al hotel a recargar baterías, y nos encontrábamos generalmente a las 9 en algún buen restaurante, no necesariamente de mucho turista. Las cenas eran una parte importantísima, quizás la más padre del día. Fuimos a varios restaurantes, en los que de verdad se comía bien y se platicaba mejor. Dos de los que más nos gustaron fueron el “Constanza” que los 4 coincidimos fue el mejor, muy europeo construido dentro de una cueva, y la “Ostería Marcello”, donde la pasamos especialmente bien. Fuimos también al tradicional “Alfredo Di Roma”.
Ahí hacíamos un resumen de lo que habíamos hecho en el día, cada quien platicaba lo que más le había gustado y lo disfrutábamos nuevamente. Generalmente durante las cenas aprendíamos muchísimo de mi tío, eran interesantes clases de historia. Cenábamos fuerte porque caminar todo el día nos cansaba lo suficiente para llegar muertos de hambre, más o menos a las 11 nos despedíamos y fijábamos la hora para desayunar en nuestro hotel al día siguiente.


Una parte padrísima de nuestra estancia en Roma fue la visita que pudimos hacerle al Padre Don Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, quien conocía perfectamente a mi tío Víctor y le tenía mucho cariño. Los cuatro teníamos muchas ganas de verlo. Mi tío y el Padre se conocían desde hacía años y su emoción por ver a Don Javier era grande. Al llegar a la casa donde vive el Padre, que en la Obra es conocida como “Villa Tévere”, mi tío nos dijo que prefería que nosotros entráramos solos, porque si él entraba la plática podría desviarse, que sería mejor que Don Javier platicara solo con nosotros. Seguramente por dentro tenía muchísimas ganas de verlo, pero siendo como siempre muy generoso, prefirió no entrar. Evidentemente en la plática con Don Javier lo primero que salió al tema fue mi tío Víctor, y el Padre nos dijo que eran muy buenos amigos, que se querían mucho. Saliendo de ahí fuimos los cuatro a comer a un restaurante cerca de la casa de La Obra que se llamaba “Ambasiata d’ Abruzzo”, donde platicamos con mi tío todos los detalles de la entrevista con Don Javier.


Quizás la parte más emocionante del viaje, de la que tengo los mejores recuerdos, fue cuando fuimos a la audiencia de los miércoles a ver al Papa. Mi tío nos consiguió boletos con el embajador de Guatemala y aunque al entrar no resultaron ser los mejores boletos de la audiencia, con el ingenio típico del mexicano logramos colarnos hasta la mismísima primera fila, desde donde los 4 pudimos darle la mano al Papa. Fue una experiencia increíble para todos, mi tío Víctor no lo podía creer. Me acuerdo que saliendo de la audiencia nos llevó a comer a un restaurante delicioso, quizás el mejor de todos aunque no el más elegante, que se llamaba “Il Cuatri Mori” (Los cuatro Moros).
Mis papás y yo teníamos planeado un viaje en coche hacia el norte de Italia y obviamente tratamos de convencer a mi tío de que nos acompañara aunque sin éxito, sus estudios se lo impedían. Lástima, hubiera sido padrísimo.

Así pasaron rápidamente esos 5 días en los que pude convivir muy de cerca con mi tío. Pareciera que en 5 días es imposible conocer a una persona, pero tuve la suerte de tenerlo casi para mi solo durante 14 horas cada día. Logré conocerlo y quererlo mucho más que en los 26 años anteriores, le conocí virtudes y cualidades difíciles de reunir en una persona.
Le doy gracias a Dios porque tuve la oportunidad de conocer a una persona extraordinariamente alegre y generosa, que vivió intensamente la vida con plena confianza en los planes de Dios.

Alejandro del Valle Morales

SIGA LEYENDO

viernes, 10 de abril de 2009

SU SENTIDO DEL HUMOR

El sentido del humor de mi tío Víctor era algo que le caracterizaba especialmente. Estar junto a él era pasar momentos muy agradables; siempre se le estaban ocurriendo cosas para hacer reír a los demás. He recopilado algunas anécdotas simpáticas que me han dado por escrito algunas personas y otras me las han platicado en alguno de mis viajes a Guatemala. Comienzo con las que narró Vinicio Donis quien durante varios años vivió con él.

ALGUNOS RECUERDOS DE VÍCTOR DEL VALLE

Conocí a Víctor del Valle el 28 de noviembre de 1982 en la ciudad de Guatemala. Lo recuerdo perfectamente porque ese día Su Santidad Juan Pablo II erigió la Prelatura Personal del Opus Dei. Casi dos meses antes, yo había pedido la admisión en esta institución de la Iglesia católica, a la que pertenecía mi padre y en la que Víctor y yo hemos dejado la vida con tantas alegrías que resultaría interminable contar.

Vinicio el segundo de izq a der

Y aquí inicia mi relato de algunos recuerdos de la vida de este Arquitecto y sacerdote del Opus Dei, que me enseñó con su ejemplo a vivir esta virtud que pienso -sin temor a equivocarme- la tenía innata por lo que supe luego de las características de la Familia del Valle Noriega. Con su enfermedad en el año 2000 pude conocer a todos sus hermanos, con excepción de Rafael que ya había fallecido. Recuerdo que estábamos almorzando un día cuando le llamaron por teléfono de México y le avisaron de la muerte de Raf. Regresó muy entero al comedor y nos comentó la noticia con profundo dolor, pero en la tertulia familiar después de la comida -como se dice en México-, noté como se sobrepuso a ese dolor humano, dándose a los demás, con sus bromas características.


APOTEÓSICO RECIBIMIENTO EN GUATEMALA

Tenía una chispa para narrar anécdotas, acontecimientos y Dios le dotó de una memoria formidable. Me enteré que llegó a Guatemala en el año 1955 y escucharle ese relato era divertidísimo: venía a ayudar en los inicios de la labor del Opus Dei iniciada en la ciudad de Guatemala en julio de 1953 y aunque tenía toda la ilusión propia de la juventud a sus 24 años, le acompañaba un sentimiento de cierta congoja por ser tan pocos los miembros de la Obra en esos momentos y aunque sabía que le iban a recibir en el aeropuerto “La Aurora”, pensaba que sólo una persona iba a estar allí. Efectivamente así fue; sin embargo, ocurrió que al detenerse el aeroplano en la pista y abrir la puerta para que los pasajeros bajasen por la escalerilla -en ese tiempo no existían las mangas modernas de ahora-, vio una multitud de personas que le aplaudían justo cuando asomó en el umbral de la puerta. Se sintió verdaderamente conmovido y sorprendido, hasta que comprendió que los aplausos eran para unas reinas de belleza que venían detrás de él para un concurso en el país. Así fue su bienvenida, con tanta alegría. Con el pasar del tiempo fue testigo de primera fila del desarrollo de la labor de la Prelatura colaborando también con los diseños de los diversos Centros que con el tiempo se fueron abriendo. Tenía una sensibilidad artística para ubicar en un terreno la distribución de masas requerida en un proyecto. Esto lo supe porque con el tiempo me gradué como Ingeniero Civil y compartí algunas veces las mesas de dibujo en que revisaba planos, diseños, etc.



LA HISTORIA DEL BARBERO

A los tres o cuatro días de estar instalado en la ciudad de Guatemala, salió a dar una vuelta justo detrás del Palacio Nacional. A Víctor le acompañaba una elegancia en el vestuario y en el porte que era digna de imitar. Pues bien, iba caminando con un traje completo (saco y corbata), cuando en una barbería que quedaba justo en esa calle, el barbero dispuso salir a la calle y lanzar al aire sus enjuagues luego de haberse lavado los dientes... Cuál no sería la sorpresa de Víctor al recibir en pleno vestido esa ráfaga descomunal. El barbero se moría de pena y Víctor de la risa.

EL COCHINO QUE SE COMIÓ EL ROSARIO QUE USABA VÍCTOR

Otra de las anécdotas que siempre contaba y cada vez le salía mejor era que estando en México en Santa Clara de Montefalco, llegó el momento de rezar el rosario. El estaba caminando con su rosario en la mano cuando se le acercó un “cochito” -así decimos en Guatemala, aunque en México sé que le dicen cochino o algo así- y encaró a Víctor quien se puso a observarlo con cierta curiosidad. Y ocurrió que el animalito que ya estaba muy cerca de Víctor le mordió el rosario y se lo comió ante la mirada estupefacta de Víctor y las carcajadas de los demás y de Víctor mismo.

Cuando Mago me escribió para que relatara algunas anécdotas que recuerdo de Víctor, me entusiasmé tanto que empecé a recordar cómo las relataba Víctor; sin embargo, soy consciente de no llegar a la altura requerida en este libro no solo porque no he tenido pluma, sino porque estoy recuperándome de una afección renal que me tiene bastante “amolado” aunque con vistas a una solución próxima. Pongo entre comillas lo de amolado porque es un término muy mexicano que no utilizamos tanto en Guatemala. Se lo escuché a mi querida y recordada Doña Margarita del Valle Noriega de Torres, precisamente cuando vino el 11 de noviembre del año 2000 a visitar por última vez a su hermano.



TREMENDO SUSTO A LAS DOS DE LA MAÑANA

Víctor se metía mucho conmigo por los dolores renales. Yo me inicié en estos avatares el 19 de junio de 1996 cuando tenía 31 años. El 2 de agosto del año 2000, Víctor debía viajar a Pamplona, para confirmar el diagnóstico previo de su enfermedad, dado en Guatemala. Estuvo en la clínica universitaria de la Universidad de Navarra y providencialmente Mago pudo acompañarle en esos días. Seguramente en alguna parte de este libro, ella narrará abiertamente esa experiencia.
El 1 de agosto vimos en la casa la película “Sexto sentido” que hasta cierto punto puede llegar a causar miedo. Me retiré a acostarme con ese sentimiento y como a las dos de la mañana oí que la puerta de mi habitación se abría sin más y entraba un individuo en bata, altísimo. Me dijo en voz baja: Julián, necesito que me ayudes. Por poco y no me dio un infarto, aunque reaccioné al momento, dándome cuenta que era Víctor. Se confundió de habitación y quería que una persona que es médico le ayudara con los dolores que padecía. Le dije sobre la marcha: no soy don Julio, soy Vinicio. Entonces Víctor con toda sencillez me preguntó: ¿y dónde está Julio? Le acompañé a despertar a este médico quien ya le atendió. Me sorprendió, en medio de los dolores que tenía Víctor, cómo se reía de este episodio -producto de una simple confusión-. Al otro día, al despedirse de mi, me dijo: ahora comprendo cómo son tus dolores renales. Sin embargo, lo dijo como siempre, con una gran sonrisa.



Vinicio Donis

SIGA LEYENDO

domingo, 29 de marzo de 2009

SACERDOTE POR SACERDOTE

Durante la homilía que le predicó un amigo sacerdote irlandés a mi tío Víctor en su primera Misa en Roma en el año 1997 escuchamos lo siguiente:

“Tener un hermano sacerdote es una gracia grande; y más aún tener un hijo sacerdote – lo que suele ser una de las ilusiones máximas de los padres cristianos.Precisamente a ti, desde hace 40 años, te ha tocado esa gracia de tener un hermano sacerdote. Seguramente sus oraciones sacerdotales por ti – como tus oraciones de seglar por él – os han ayudado a perseverar fieles hasta este bendito momento. Y así será – ahora sacerdote por sacerdote – hasta el final.

También te tocó la gracia de tener unos padres cristianos ejemplares, y de vivir y crecer en una casa – “casa de Patricio” (también a mí, como irlandés, me gusta recordar el nombre) – donde era fácil crecer en una especial piedad eucarística, ya que teníais un Oratorio con el Santísimo reservado: privilegio singular. Y tu madre, esa madre con tanto buen humor, que realmente convenía y alguna vez haría buena falta a la madre de nueve hijos. Una madre con la lógica y especial ilusión por tener un hijo sacerdote. Claro, ya tuvo uno; pero las madres nunca se quedan satisfechas, y ahora desde el cielo se goza en tener dos. Te agradezco, Víctor, que me has hecho partícipe de un detalle de familia que quizá tu sólo conocías. Yo no sé si tu madre era un poquito mandona, como fue la mía, y como suelen ser casi todas las madres buenas. No contenta con que el Señor le diera la vocación sacerdotal a tu hermano Luis, quería que se la diera también a ti. Ya en el año 1957, cuando estabais celebrando por la tarde la ordenación de tu hermano Luis, ella escribió en el menú de la cena unas líneas para ti: te entregó ese menú, y tú lo has guardado todos estos años. Aquí lo tengo, y leo sus palabras: “Victtorio; con el corazón lleno de sublime ilusión para que Dios te escoja a ti también como sacerdote. Te beso con toda el alma. Tu madre Margarita María”. Buena madre, tozuda madre, que ha salido con la suya.Un hermano, sacerdote de la Compañía de Jesús. Y otro, sacerdote del Opus Dei. Eso es bonito. Así es la catolicidad – bendita variedad y la bendita unidad – de nuestra Madre la Santa Iglesia. Laus Deo! Gratias tibi, Deus!

Rev. D. Burke Gormac (Juez de la Rota Romana)

SIGA LEYENDO

miércoles, 12 de diciembre de 2007

La visita de La Virgen de Guadalupe

Cuando tomamos la decisión de ir a Guatemala porque mi tío se había puesto muy delicado de salud y su muerte ya era inminente; tuve la idea de llevarle un cuadro de la Virgen que para mí era muy especial ya que cuando murió en mis brazos una tía abuela mía, yo miraba y rezaba el rosario a la Virgen de Guadalupe que está impresa en ese cuadro.

La Virgen, además, me había ayudado en varias situaciones diversas; solía yo poner mi mano sobre el cuadro y me tranquilizaba cuando estaba por una o por otra causa muy inquieta.

Yo recordaba el gran amor que tenía mi tío por la Virgen de Guadalupe. Recuerdo perfectamente que cuando llegaba de Guatemala siempre buscaba ir primero a la Basílica a ver a la Virgen de Guadalupe.

Dudé un poco en llevarlo; pero pensé que mi tío no iba a tener un cuadro grande de la Virgen junto a él en sus últimos momentos y me atreví a meterlo en una bolsa de papel y llevarlo en mi mano hasta Guatemala.

Cuando entramos al cuarto de mi tío; mi mamá, mi papá, Chela mi hermana y yo nos hincamos frente a él que estaba sentado en un sillón; muy débil, tranquilo y con mucha alegría de vernos.

Lo fuimos saludando uno a uno, nos dio la bendición y le hicimos cada uno alguna petición o le dijimos algo. Ya cuando terminamos le dije que había alguien más que venía a visitarlo. Saqué el cuadro de la Virgen y viéndolo fijamente dijo en voz alta: ¡Mi Madre!. Todavía tengo clara en mi mente ese momento en el que mi tío miraba con ternura a la Virgen. Vinicio tomó el cuadro y lo colgó muy cerca de su sillón para que mi tío lo pudiera ver. Le dejé el cuadro a mi tío para que lo acompañara cuando nos regresamos a México.

LA VIRGEN DE REGRESO A MÉXICO. TODO UN RETO.


Cuando volvimos a las dos semanas de nuevo a Guatemala después de la muerte de mi tío yo llevaba en mi cabeza la idea fija de ir a recoger mi cuadro de la Virgen que había dejado de VISITA.

Cuando llegamos a la casa de Balanyá lo primero que le dije a Vinicio, que fue quien nos recibió, que yo iba a recoger el cuadro de la Virgen de Guadalupe. Recuerdo que me dijo con un cierto tono de burla: Uy Mago! eso va a ser imposible ya que tu tío tuvo algo especial con la Virgen; me dijo que don Francis (Vicario General del Opus Dei en América Central) no me lo iba a regresar por nada del mundo ya que a mi tío se le tranquilizaba el dolor viendo a la Virgen. (Esto lo podrá contar mejor Don Francis)

Al poco rato bajó don Francis; estábamos en esta ocasión mi papá, mi mamá, María (hija de Chela mi hermana) y yo. Hablamos de varias cosas y cuando vi oportuno le dije al Padre Francis que yo, una de las razones por las que había regresado, era para recoger el cuadro de la Virgen. Él la verdad no se lo esperaba y sí se sorprendió; me dijo de inmediato que no, que eso no era posible porque mi tío había tenido una especial comunicación con la Virgen a través del cuadro. Le contesté: ¡Por eso!, me quiero llevar el cuadro. Le dije que yo había llevado el cuadro de la Virgen a mi tío de visita y que como ya se había ido al cielo me lo quería llevar de regreso. El ambiente comenzó a estar tenso ya que don Francis me explicó que en ese cuadro mi tío había dejado todas sus peticiones, necesidades e intenciones y que cuando volteaba a ver a la Virgen su dolor se aminoraba. Creo que me lo explicó dos o tres veces y a mí no se me quitaba de la cabeza el llevarme el cuadro de regreso a México.

En eso le pidió a una persona de su casa que le bajara el cuadro de la Virgen. Nada mas llegar el cuadro a la sala en donde estábamos, lo puso en el piso y lo recargo en sus rodillas. Volvió a decirme lo importante que fue ese cuadro para mi tío y yo le dije que por favor me dejara llevármelo de regreso porque necesitaba a la Virgen ya que no me encontraba bien de salud. Le dije que me lo llevaba y luego en cuanto yo estuviera bien se lo regresaba o cuando lo necesitaran por alguna circunstancia. Me dijo, este cuadro ya es de los del Valle y del Opus Dei y si te lo llevas lo dejamos allá en México. Pero todavía no se animaba a dármelo. Yo le volví a repetir las razones por las que ese cuadro era tan importante para mí. En eso volteó a ver a don Antonio Rodríguez Pedrazuela y le preguntó con un tono de angustia ¿Qué hago?. Don Antonio con mucha paz le dijo: ¡Dáselo!. Yo, me puse feliz y tome el cuadro en mis manos. Don Francis me pidió que cada vez que viera ese cuadro pidiera por las intenciones de mi tío que dejó ahí con ocasión de su enfermedad. Yo le dije que así lo haría y que no pediría sólo por las intenciones de mi tío; sino también por las de él. Así lo he hecho desde que murió mi tío toda las veces que me acuerdo.

Cuando salimos de la sala y yo con el cuadro en la mano; Vinicio asorado y con la sonrisa en la boca me dijo que verdaderamente tenía vara alta. Por supuesto que la Virgen me ayudó mucho cuando la regresé y colgué en mi recámara.

LA VIRGEN DE VISITA EN CASA DE UNO DE MIS HERMANOS

En el año 2002 me fui a España a vivir por un año y medio y quise que Sergio mi hermano y mi cuñada Sofía se lo llevaran a su casa. Llevaban mucho tiempo sin poder tener hijos; y les dije que cuando llegara su primer hijo a su casa me devolvieran a la Virgen; que antes no.
En el mes de junio del 2005 llegó Víctoria; una niña de tres años que llegó a la familia para siempre. El día que la conocimos fue a visitarnos a la casa y traía en sus manos cargando el cuadro de la Virgen de Guadalupe que yo les había dado en septiembre del 2002. Victoria ha sido una de las grandes alegrías de la familia; es una niña muy cariñosa, alegre, simpática que nos hace plenos a todos.

El otro día me la dejaron en la casa a Victoria y mientras estábamos jugando en mi escritorio me señaló el cuadro de mi tío Víctor y me preguntó que quien era. Al contestarle me dijo: “Es mi tocayo”.

Hace tiempo le leía esta historia a mi tío Picho que me esta asesorando en la elaboración del libro; que ahora ya es página Web; y me dijo que cuando él se estuviera muriendo le llevara el cuadro de la Virgen.

Creo que la Virgen ya se va haciendo famosa entre algunos miembros de la familia y es un honor para mí tenerla en mi cuarto. Por supuesto que le sigo pidiendo por todas las intenciones de mi tío, de don Francis y las mías. Y ahora que estoy escribiendo esto; y por qué no; por las intenciones de cada uno que lea esta historia del “Cuadro de la Virgen”

Margarita del Valle C (sobrina de Víctor del Valle)

SIGA LEYENDO

sábado, 24 de noviembre de 2007

¡Tenemos al Padre Víctor en el cielo!

Este día en el que partió mi tío Víctor al cielo recibimos una serie de mails de pésame que reconfortaron a toda la familia. Desde unas semanas anteriores, mails iban y venían a través de las computadoras de la familia y amigos. Por fortuna pude guardar y recuperar cada uno de ellos; escribo algunos fragmentos:

"¡Tenemos al Padre Víctor en el cielo! Si yo soy testigo de cómo los quería a cada uno aquí en la tierra, imagínense en el Cielo. Velará por cada uno de nosotros. No tengo más palabras. Por favor, me saludan a uno a uno de la familia.
Estamos muy unidos de verdad. Víctor falleció a las 4:05 pm y ya a las siete de la noche habían unos cincuenta vehículos con familias enteras que esperaban que le trasladesemos al oratorio de Balanyá...
De verdad, con su vida tan ejemplar, ha arratrado multitudes...

Vinicio Donis

"No quería dejar pasar la ocasión para escribirles personalmente para darles mi pésame más cariñoso por el fallecimiento de Víctor. Como saben, sus últimos momentos fueron llenos de paz; simplemente dejó de respirar... se -durmió en el Señor-, se fue derecho al cielo, a gozar del gran premio que Nuestro Señor le tenía preparado, a llenar de besos a Nuestra Madre Santa María, a contemplar el esplendoroso Rostro de Jesús, como tanto deseaba.
Estoy seguro de que ahora intercede por nosotros: acudo mucho a su intercesión, a la vez que ofrezco sufragios por su alma, aunque estoy convencido de que goza para siempre de Dios."

P. Francis Wurmser




SIGA LEYENDO

sábado, 10 de noviembre de 2007

ANSIAS DE CIELO

Un 10 de noviembre de 1968 mi abuelo Papaberna se fue al cielo. Estos fragmentos los tomé del libro "Nuestro Padre". En él se recopilan anécdotas, recuerdos, aportaciones de lo que más impresionó a cada uno de la familia y de sus amigos por su convivencia con él. En palabras de mi tía Margarita este libro es un tesoro para sus hijos y nietos.




¡Qué esplendorosa fué la vida cotidiana de mi padre!...

Fé profunda y sencilla rectitud, caridad, nobleza...

¡Qué gran ejemplo para nosotros!

Víctor del Valle


Qué grandes serían tus ansias de cielo
¡que osaste dejarnos!
Tú que siempre estuviste velando por todos
¡dedicado a amarnos!
que sufrías nuestras penas, reías nuestras dichas y en cada detalle de nuestros caminos
¡ponías toda el alma!
Un domingo, ¡tenía que ser en domingo!
¡el día del Señor! El te dijo:"
Ven descansa en el Mío, ese corazón que ha latido tanto
vibrando de amor por tu esposa y cada hijo
ese corazón que pedazo a pedazo les fuiste dando a los tuyos
ternuras de padre parecidas al Mío...
Ven, descansa de afanes justo es ya que recibas el premio ganado
con tu vida limpia, con tu vida buena,
¡te quiero a mi lado!...

Jaime del Valle

SIGA LEYENDO

domingo, 28 de octubre de 2007

EL LIBRITO DE PRIMERA COMUNIÓN



El domingo 28 de octubre de 1934 mi tío Picho hizo su primera comunión en el oratorio de su casa (Patricio). Hoy cumple 73 años de haber recibido por primera vez a Jesús.
En el librito de primera comunión que se les daba a los niños; mi abuela le escribe a mi tío Luis (sacerdote Jesuita):


"México 28 de octubre de 1934, Domingo fiesta de Cristo Rey"
Luisito, hijito querido:
“En este día, en que Cristo Rey te escogió para él, conságrate en cuerpo y alma a servirle, y pídele que te elija para ser su ministro.
No olvides jamás éste día bendito de tu primera comunión. Tu madre. Margarita.”

Pasados los años, mi tío le regala el librito a mi abuela escribiéndole lo siguiente:


"Méx. 27 de octubre de 1957. Domingo, fiesta de Cristo Rey"
“Te regalo éste librito el día que dije mi primera Misa. Tu hijo. Luis sj.”

Mi abuela escribe debajo de estas letras:

“¡Estoy conmovida!. ¡que maravilla, que milagro!. ¡Gracias Dios mio!”

Aparece en la siguiente hoja un papel pegado “post it” escrito por mi tio Luis y dice:


"21 de sep 97"
“Y ahora que te ordenas, Víctor, te lo regalo con mucho cariño. Recuperé el librito de las cosas que dejó mi mamá. Luis s.j.


Este librito se lo regresaron a mi tío Picho (Luis) cuando murió tío Víctor. Tengo el privilegio de que tío Luis me lo diera a guardar.

SIGA LEYENDO

viernes, 26 de octubre de 2007

TÍO LUIS (PICHO) CUMPLE 50 AÑOS DE SACERDOTE

En la historia de la vida de mi tío Víctor y de su hermano Picho (Luis) se han dado muchas coincidencias en fechas, hechos y eventos. Una de ellas es que hoy que mi tío Picho cumple 50 años de sacerdote se estrena esta página, que es un regalo para él.
En esta página podrá ver mucha de su vida plasmada ya que puedo decir que además de mi tío Víctor también iremos conociendo a la par la vida de mi tío Picho (Jesuita) al que tanto quiero.

SIGA LEYENDO